Noticias

Noticias

La escuela de niñas

Este año celebramos el Día de la Mujer mirando el futuro, con la presentación de la nueva asociación de Mujeres La Sabina, pero sin olvidar el pasado: junto con la comisión de cultura, esta nueva organización ha promovido la inauguración de una placa conmemorativa en recuerdo a una mujer que fue muy importante para la educación de las mujeres en Milmarcos, la maestra de la escuela de niñas María Josefa Hernando.
Y desde aquí, además, aprovechamos para recuperar algunos detalles de la historia de la enseñanza en el pueblo:

El diario oficial de la provincia de Guadalajara publicó en 1860, hace ahora ciento sesenta y cinco años, un anuncio en el que se comunicaba que estaba vacante el puesto de maestra de la escuela de niñas de Milmarcos, dotado con un sueldo de 1.667 reales, casa gratuita y ”las retribuciones de los alumnos que puedan pagarlas”.
Con anterioridad a esta fecha las referencias a la educación en el pueblo se limitan a las escuelas de niños, aunque no se puede descartar que las chicas también recibieran algún tipo de enseñanza. En cualquier caso, esta primera cita a las niñas milmarqueñas coincide con la Ley de Instrucción Pública de 1857 (denominada la Ley Moyano) que hizo obligatoria en España la enseñanza para niños y niñas y, entre otras cosas, creó la Escuela Normal Central de Maestras en Madrid. Se trataba de la culminación, al menos en cuanto a legislación se refiere, de un largo proceso de toma de conciencia sobre la necesidad de abordar el problema secular de la educación en este país, incluida la femenina.
Casi un siglo antes, en 1783, Carlos III había aprobado un reglamento que sentaba las bases de las escuelas gratuitas para las niñas en la Corte, en la que se fijaban las “asignaturas” que deberían cursar: “Las labores que las han de enseñar han de ser las que se acostumbran, empezando por las más fáciles, como Faja, Calceta, punto de Red, Dechado, Dobladillo, Costura, siguiendo después a coser más fino, bordar, hacer Encajes, y en otros ratos que acomodará la Maestra según su inteligencia, hacer Cofias o Redecillas, sus Borlas, Bolsillos, sus diferentes puntos, Cintas caseras de hilo, de hilaza de seda, Galón, Cinta de Cofias, y todo género de listonería…”. Y pese a lo que nos pudiera parecer, aquello ya fue un hito, puesto que con anterioridad, la educación femenina en este país estuvo enclaustrada en los conventos.
En 1816 se legisla que las escuelas reales deben enseñar a los niños a leer y escribir, gramática castellana, ortografía y aritmética, mientras que las niñas deben formarse en “las labores de manos” y, de forma opcional, a leer y escribir. Incluso con la ley Moyano no se produce un salto revolucionario: se regula el acceso al cuerpo de profesores y profesoras, pero la formación que se exigía a estas últimas era menos exigente y se establece que su sueldo fuera un tercio menor que el de sus colegas masculinos. Solo a finales de siglo se logra la igualdad de sueldos y empieza a homologarse la formación de las maestras, con la inclusión de contenidos como las ciencias naturales, física, geometría o la educación física.

La primera maestra
Quizás hubo alguna otra antes, pero la primera maestra que conocemos que oficialmente ocupó la plaza de maestra en Milmarcos se llamaba Ana María Latorre y aquí estuvo nada menos que cuarenta años, hasta su jubilación, en 1901.
Desconocemos que materias impartía, pero no debió hacerlo nada mal: en junio de 1878, la Junta provincial de instrucción pública de Guadalajara, con motivo de los esponsales de Alfonso XII y María de las Mercedes otorgó un diploma de honor “a los alumnos de las escuelas públicas que más se han distinguido en los exámenes celebrados a este objeto”. En Milmarcos, las más brillantes fueron María Asunción Sanz Latorre, Basilia Torrubiano Gálvez y María Jesús Martínez Yagüe (también lo lograron tres chicos: Rufino Mencía Utrilla, Antonio Bernal Mangas y Benito Téllez Aranz).
No obstante, a diferencia de su colega, que se llamaba Manuel Herránz y que aparece en el padrón municipal de 1875 como “maestro”, no figura en ese listado la maestra Ana María. Tan solo figura una “María Latorre”, originaria de Fuentelsaz, casada con Hermenegildo Muela y residente en la Calle de San Roque. En el apartado de “oficio” sólo se consigna “Su sexo”…. una descripción que comparte con prácticamente casi todas las mujeres milmarqueñas de la época, excepto alguna que otra que aparece registrada como criada o jornalera.
Quizás fuera solo un error.

Comments are closed.