Noticias

Noticias

Función teatral en el Casino de Milmarcos

La historia del Teatro Zorrilla, con todo su emotividad, con el cariño que le tenemos y el orgullo que nos produce, no es sin embargo tan extraordinaria como nos suele parecer a los milmarqueños. No fue un magnífico invento de una gente visionaria y extraordinaria; ni siquiera fue la primera sala teatral en el pueblo…

El teatro, durante todo el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, fue un auténtico fenómeno de masas, el mayor espectáculo al que podía acceder la mayoría de la población.

Los grupos teatrales, profesionales y aficionados, proliferaban en ciudades y pueblos; en salas teatrales pero también en escenarios improvisados en locales y cafés, en espacios acondicionados en domicilios privados.

No se ha conservado memoria de la mayor parte de esos teatros y compañías… de hecho, es una historia que prácticamente hemos olvidado. En Milmarcos, por ejemplo, ¿alguien recuerda el Casino? ¿Alguien sabe dónde estaba y quien formaba parte de la “compañía de la Sociedad” que ofrecía representaciones de teatro y veladas en ese casino?

El Teatro, el Zorrilla, ha cumplido cien años de historia, pero el teatro en el pueblo tiene una tradición mucho más larga. Al menos medio siglo más…

La primera noticia que se tiene sobre representaciones teatrales en Milmarcos está fechada en 1879: un anuncio en el Boletín de la provincia, con motivo de la convocatoria de la primera feria de mayo, destacaba que estaban “proyectadas algunas funciones públicas”.

Pocos años después, en 1887, el mismo medio recoge una información aún más explícita: se anunciaba en el Casino, en la feria de noviembre, “una velada y funciones de Teatro”.

Ambos anuncios están vinculados con la celebración de las ferias ganaderas, por lo que bien podría ser que hubiera teatro mucho años antes, al menos desde que se inauguró la primera feria, en 1857. Al fin y al cabo, estos acontecimientos atraían a la compañías mas o menos profesionales, ya que eran en esas fechas cuando había suficiente gente como para resultarles rentable.

El historiador Juan Pablo Calero, autor de un estudio muy interesante sobre el teatro en la provincia de Guadalajara, explica que “había una extraordinaria afición al teatro en las ciudades y en los pueblos, incluso en los más pequeños”.

Es difícil comprender la importancia que tuvo el teatro hasta, por lo menos, la primera década del siglo XX: una animada distracción, un medio de difundir la cultura y, en ocasiones, un vehículo popular para la propaganda ideológica”.

Además de las salas y grupos de teatro de la capital provincial, Calero cita el Liceo Seguntino, el Teatro Calderón de Molina y el caso de Hiendelaencina, cuyo poblado minero tenía su propio sala desde el último tercio del siglo XIX, construida por la compañía británica que explotaba sus yacimientos de plata.

Calero, profesor de instituto jubilado, señala que ni siquiera era necesario que hubiera salas teatrales, ya que en muchos lugares los aficionados habilitaban espacios en sus propias casas, a veces incluso de forma permanente, para acoger representaciones, conciertos y “veladas artísticas”.

También proliferaban los grupos teatrales aficionados, para los que había una amplia oferta de obras con libretos a muy bajo precio y sin grandes requisitos en cuanto número de actores, atrezzo y escenario.

Este investigador afirma además que “los actores profesionales cobraban en Guadalajara remuneraciones modestas y que sus condiciones de vida y de trabajo solían ser muy precarias. Sólo así se explica que en 1896 las actrices del Teatro del Liceo Seguntino promoviesen una huelga, sin el concurso de los actores, para solicitar un aumento de sueldo, incremento que les fue negado por la Junta Directiva de la sociedad. En enero de 1900 la prensa local se vio agitada por el debate desatado por la actuación de la compañía Bosch de teatro infantil, que provocó las protestas de algunos aficionados que denunciaron la explotación de los artistas menores de edad”…

No fue el primero, pero el Teatro Zorrilla es un digno y orgulloso superviviente de una larga tradición teatral.

Comments are closed.