Patrimonio

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El Renacimiento y el primer Barroco, los siglos XVI y XVII, son los periodos esenciales en la historia del patrimonio milmarqueño, la época en la que se concibió y desarrolló el actual entramado urbano y se construyeron la mayor parte de sus edificaciones, las iglesias, las casonas y muchas de sus casas.

Los visitantes nuevos nos recuerdan a menudo que la primera impresión que les causa el pueblo es la sensación de encontrarse en un lugar señorial y noble, en una localidad de alta alcurnia… y es precisamente esa la intención con la que, aparentemente, se diseño su trazado.

Fruto del sueño o el trabajo de unos hombres ilustrados en las últimas modas culturales, el plano de Milmarcos responde, punto por punto, a los principios básicos del urbanismo del Renacimiento, una disciplina que en aquel entonces descubría una vez más los patrones clásicos y que abandonaba el Teocentrismos para adentrarse en el Humanismo.

El hombre como centro de todas las cosas, esa idea tan revolucionaria en el siglo XVI, se plasma en la concepción de las ciudades en el diseño de zonas en encuentro, esparcimiento y negocio, las plazas públicas, accesibles a través de calles amplias y despejadas, limpias y salubres.

Muy lejos de los laberintos medievales, con sus callejuelas estrechas y oscuras, sus laberintos…..

El nombre de sus promotores, esos hombres ilustrados, no han pasado a la historia, pero su empeño todavía se puede percibir en un trazado espectacular: un espacio central con cuatro plazas, una de ellas, la Plaza, con los dos centros de poder frente a frente, la ayuntamiento y la iglesia; en los laterales este y oeste dos ensanches, amplios y diáfanos, la Fuentecilla y la Guasera, y una plaza hacia el norte con los lugares de esparcimiento, mercado y servicios (el frontón, la plaza de pilar )

A partir de este centro urbano, se intenta distribuir un entramado geométrico, un empeño destinado al fracaso tanto por las imposiciones del relieve como por la anarquía impuesta por el paso del tiempo. Se puede intuir como las calles guardan, al menos lo intentan, una cierta simetria: la calle del Collado tiene su equivalente con la calle Zaragoza, mientra que la del Mariano se enfrenta con el Cotanillo (una calle frustrada por el fuerte desnivel del relieve, pero en la que nos encontramos la puerta principal de una de las casonas más antiguas ¿pretendían seguir construyendo colina arriba…?).

La calle Valencia tiene su equivalente en la calle Jesús, al igual que ocurre en los accesos desde el norte, con la salida hacia la Cañada y, al otro lado, el camino de la balsa.

(Este artículo, como buena parte de esta web, está en construcción, a la espera de que alguien con más conocimiento se tome la molestia de ilustrarnos… Si te animas, estaremos encantados de dejar en tus manos este espacio).Detalle de una reja en hierro.

José Luís Fernández-Checa Roy

Periodista. Toda la vida en la Plaza, ahora en La Muela.

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