Noticias

Noticias

Las campanas, sus voces y su lenguaje

Los días de niebla y tormenta, cuando algún peligro acechaba al pueblo; también los festivos, en las bodas y bautizos, el sonido de las campanas ha acompañado a los milmarqueños desde hace siglos Desde el campanario han marcado la vida religiosa y social del pueblo, con su sonido limpio y penetrante, con su código de toques, cadencias y sonidos.

Ahora tan solo oímos las llamadas a los oficios religiosos y, de vez en cuando, el terrible toque de difuntos, tan triste y tan bello.

La Unesco, que incluyó el toque de campanas manual en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial en 2022, afirma que esta práctica “ha servido como medio de expresión y comunicación en España, cumpliendo una serie de funciones sociales, desde el intercambio de información hasta la coordinación, la protección y la cohesión. Los mensajes codificados que se transmiten a través de los distintos tañidos son reconocidos por las distintas comunidades y contribuyen a estructurar la vida local”.

Según la candidatura presentada por España, perviven en nuestro país treinta modos diferentes de toque manual de campanas, incluido entre ellos el de Alustante, pueblo en el que se conserva memoria y práctica de dieciséis toques distintos: oraciones, misa, misa en ermitas, rosario, repique de fiesta, repique de Domingos Terceros, escuela, doctrina, penitencia, nublo (para conjurar tormentas), de concejo (aviso de eventos civiles), de rebato (de peligro), de perdidos (para avisar de que se había perdido una persona), de difuntos, de Gloria (niño difunto) y bandeo (fiestas patronales).

Considerado como una de las manifestaciones culturales más importantes de Guadalajara, la tradición de este pueblo molinés fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en febrero de 2021.

Hay que destacar, en este sentido, que cada territorio, incluso cada pueblo, podía tener sus propios códigos de toques y significados. Parece que un factor determinante de tanta variedad estaba vinculado con los obispados, desde cuyas catedrales se constituía en el modelo a seguir en el diócesis, adaptándose, eso si, al número de campanas existente en las torre de los pueblos y a las diversas necesidades locales de comunicación.

Como resultado, se pueden encontrar diferencias muy notables , incluso en toques aparentemente muy característicos, como es el caso de difuntos : en algunos lugares se toca a un ritmo tan rápido que parece casi alegre, totalmente irreconocible para los que estamos acostumbrados a la melancólica cadencia que resuena en nuestra tierra.

Los diferentes toques

Tal y como reconoce la Unesco, las campanas no solo se utilizaban en el ámbito religioso, también se empleaban para informar a los vecinos de alguna emergencia o peligro y para cuestiones propias de concejo, razón por la que los ayuntamientos solían colaborar en la fabricación e instalación de estos instrumentos y que explica, además, por qué en muchas inscripciones que las adornan, aparecen tanto el nombre del párroco como el del alcalde.

En este caso, los toques servían para convocar los concejos abiertos, reuniones y acto públicos, muchos de los cuales, hasta la construcción de los ayuntamientos, se solían hacer en el pórtico de las iglesias o bajo los olmos que adornaban sus entradas. También fueron utilizados para convocar a los ciudadanos para comunicarles edictos reales y otras cuestiones de calado que pudieran ser de su interés.

En lo que se refiere a las emergencia, junto con los toques para fuego, tormentas, riadas y otras inclemencias climáticas, también se empleaban las campana para guiar a viajeros y la gente que estaba en el campo los días de niebla o nevada, dos riesgos que ahora nos parecen muy lejanos pero que no hace tanto tiempo podían ser potencialmente mortales. En nuestro campanario, en uno de sus esquinas, se puede todavía ver en sus paredes la mancha negra de antiguos fuegos, unas fogatas que quizás se encendían para sobrellevar los fríos o, quien sabe, para ofrecer una luz de guía para quienes estuvieran perdidos en la noche.

En este apartado, en Milmarcos, aún hay quien recuerda los toques de tormenta, incendio y perdidos…

El toque de tormenta, además de anunciar la llegada de un temporal, para que lo que se estuvieran a la intemperie se resguardaran, también se creía que conjuraba el peligro: “el ruido de las campanas alejaba las nubes”. En otros lugares incluso había un toque específico para esta labor, el “tentenublo”, una práctica que parece más emparentada con rituales mágicos ancestrales que con la ortodoxia cristiana.

En caso de incendio, el toque de fuego, también conocido como arrebato, suena alocado, imperativo y apremiante…. Desde luego no hace falta haberlo oído antes para entender su urgencia. Su función era tanto anunciar la emergencia como, sobre todo, solicitar ayuda de los vecinos para afrontar el peligro.

Otro asunto era el toque de pérdidas, conocido en algunos sitios como el “bien vas” y que se tocaba cuando alguien se había extraviado o no se encontraba a algún niño o persona mayor despistada. En este caso el toque servía para convocar a los vecinos para iniciar la búsqueda y, al mismo tiempo, tal y como indica ese nombre, para servir de guía para los perdidos.

En la información recopilada para la Unesco figuran además, en otros tierras, algún que otro toque muy curioso, como por ejemplo los que marcan el control de riegos en comarcas de huertas, lo que indicaban los campos donde se podía llevar el ganado o el inicio de la vendimia… También había uno específico para algo tan necesario y urgente como el aviso de un parto difícil, para convocar a parteras y médicos sin andar buscándolos de casa en casa.

En cuanto a los toques religiosos, en Milmarcos conservamos memoria de los toques de actos litúrgicos (misas y novenas), el ya citado toque de difuntos o clamores, el de regocijo, y el ángelus

La llamada a misa era y es en Milmarcos un repique de campanas repetido entre 15 y 20 veces, de forma consecutiva, con un indicativo de toques cada quince minutos: uno media hora antes del oficio; dos, un cuarto de hora antes y tres a su comienzo.. Había también toques especiales para la misa mayor en fechas señaladas o en las fiestas patronales.

El toque de difuntos es más lento, con pausas intercaladas… Tradicionalmente se señalizada de forma distinta dependiendo si el fallecido era hombre o mujer, con tres toques al final del clamor para los varones y dos para las mujeres. En el caso de los niños menores de ocho años se tocaba a Gloria.
Más alegre es el de regocijo, que se tocaba en las bodas, al finalizar la ceremonia, para festejar el enlace. También se tocaba en los bautizos. En cuanto al ángelus, uno de los toques más antiguos, probablemente surgido en torno al siglo XIII, se hacía sonar al medio día, tres campanadas, lo que se aprovechaba además para establecer un breve descanso en el trabajo.

Las campanas milmarqueñas

La campana, aparentemente tan sencilla, es un instrumento musical de cierta complejidad: su sonido está determinado tanto por su forma como por los materiales con los que se fabricaban o el tamaño y forma del yugo o contrapeso. También incidía su armonización con el resto de campanas que se instalarán, hasta llegar a los magníficos carrillones de catedrales y grandes templos.

Otro factor es la forma en la que se repica la campana: aunque se tiende a pensar que las campanas se volteaban, ni era así en todos sitios ni todas campanas contaban con esa posibilidad… también se podían balancear, utilizar el medio vuelo, repicar o, como en Cataluña, tocar a “seure”.

Las nuestras, las tres que tenemos, están ahora fijas. La más grande muestra esta leyenda: “Se fundió en Sigüenza por los Colinas, siendo cura párroco Don Pedro Pablo López y López y alcalde Don Justo Larrad Romero, año 1917”. En la corona se puede leer “dedicada al Santo Cristo”.

La segunda en tamaño también incluye el nombre de sus fabricantes, Apolinar y Cornelio Colina, así como el nombre del párroco “Don Hilarión Moreno y alcalde Don Segundo La Riba, año 1903”.
En cuanto a la inscripción, en latín, viene a traducirse como sigue: Alabo al Dios verdadero, convoco al pueblo, congrego al clero, difuntos, rechazo a las nubes y festejo (honro) las fiestas. Añade un “San Juan Bautista, ora pro nobis”.

En cuanto al campanillo, situado en el lateral del campanario y utilizado para bautizos y para llamar a confesión, incluye una sencilla dedicatoria “Jesús, María y José. Año 1796”.

Desconocemos la identidad de los fabricantes de esta vieja campana, pero los “colinas” que se citan en las dos mayores fueron unos artesanos muy reputados de Sigüenza autores de las campanas de Campillo, Cimballa, Daroca, Medinaceli, Teruel. Hasta 56 campanas hay registradas procedentes de sus talleres, sin contar con las de Milmarcos.

Las tres parecen estar en buen estado, aunque no estaría de más su revisión por algún experto. Tampoco estaría mal plantearnos la posibilidad, algún día, de proceder a la restauración de toda su fábrica, incluido sus contrapesos y anclajes… quizás podrían volver a voltear los días de fiesta.

Difuntos

Esta entrada se ha elaborado a partir del taller y conferencia celebrado en Milmarcos el pasado 3 de noviembre, en el que se hizo una demostración de los diferentes sonidos y toques de las campanas.

En el video adjunto se recoge la conferencia y el sonido de las campanas.

Para más información sobre este asuntos, más abajo incluismos el enlace al “Informe técnico para el expediente de declaración de manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial: el toque de campanas”, elaborado por la administración española con motivo de la declaración de esta tradición como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

https://www.culturaydeporte.gob.es/dam/jcr:1f00a6fd-8fd0-426b-a3be-9935e51acf7a/informe-mrpci-toque-de-campanas.pdf

Comments are closed.