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¿Patrimonio desaparecido?

El dibujo que acompaña esta entrada se encuentra en un documento fechado en 1749 y depositado en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara. Se trata de un contrato entre Julián López, vecino de Milmarcos y maestro de albañilería y cantería, con el ayuntamiento, por el que firmaron Juan Domínguez López y Francisco Morales Yagüe, como alcaldes ordinarios de la villa, además de Francisco José López Montenegro y Francisco Escribano, entro otros.doc1
El documento establece perfectamente el diseño y las características de la obra contratada: un rollo jurisdiccional, una construcción con la que se marcaba la jurisdicción del lugar, en nuestro caso villa de realengo, y se utilizaba, como las picotas, para exponer al escarnio público a los a los presos, o sus cabezas, tras ser condenados por la justicia. Solían ser un columna de piedra rematada por una cruz o una bola.
En este caso debía medir algo más de cinco metros de altura: “desde la superficie de la tierra o piso tenga una altura de seis baras y una tercia todo el de sillería”. A continuación en el documento se detalla las medidas de cada una de las partes y relaciona el material y las condiciones de construcción.
En cuanto al pago, Julián pide que se le libere de todas las “cargas concegiles”, como son el ser alguacil, cobrador de pan de pecho, herrero, guarda de monte o receptor de propios, entre otros, además de librarse de diversas contribuciones y obligaciones municipales.
Sin embargo, en el documento se incluye una anotación posterior en la que se afirma que en “el libro de acuerdos” del año 1755 se “se allará razón como Julián López está obligado de hacer el rollo”, lo que podría llevar a pensar que finalmente no se construyó.
Por otro lado, este tipo de construcciones, sobre todo las que se utilizaban para el castigo de los criminales, fueron derruidas a lo largo del siglo XIX y, en muchos casos, sus materiales reutilizados para otros fines: la parte superior del diseño se parece mucho al remate de la fuente y el fuste del pairón de  Nuestra Señora de la Cabeza, el único de piedra maciza del municipio, también podría ser…. vaya usted a saber.

Este rollo no es el primer símbolo de poder real que se construye en Milmarcos, ya en la “toma de posesión” (los documentos júridicos que nos desligan de la jurisdicción de Molina y nos convierten en villa), la autoridad real ordena la construcción de un horca y una picota.

José Luís Fernández-Checa Roy

Periodista. Toda la vida en la Plaza, ahora en La Muela.

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